domingo, 22 de abril de 2012

Mirando desde tierra

Una imprevista escala me ha hecho desembarcar y, al poner pie en tierra, he cambiado mi perspectiva y he mirado de forma diferente. He descubierto que, camufladas entre la rutina (o, mejor, sofocadas por ella), quedaban muchas cosas que fueron importantes y que aún merecen la pena, cosas que fueron despreciadas porque, en nuestra ansia de libertad, el agua de la otra orilla siempre es más azul, la hierba del otro lado de la montaña es más verde y el sol brilla más al otro extremo de nuestros sueños. Tal vez hayamos tenido que largar amarras para poder respirar un aire màs limpio, tal vez hayamos tenido que volver la espalda a nuestro ayer para poder vivir pero esas cosas permanecen porque formaban parte de nuestro ser, porque un día lejano luchamos por ellas y nos hicieron felices y porque son el vínculo que liga lo que fuimos y lo que queremos ser, una especie de cordón umbilical que une dos existencias iguales en lo esencial, que es nuestro yo, aunque difieran las circunstancias.

jueves, 5 de abril de 2012

Recalculando el rumbo, proa hacia el mañana

Se dice que una retirada a tiempo es una victoria. Probablemente es inteligente saber abandonar. No se puede pretender entrar a un puerto en cualquier condición, con cualquier viento, a cualquier precio porque lo más probable es que no llegues a entrar en él ... ni en ningún otro. En estos días he tenido que rendirme ante lo imposible y conformarme con mirar a lo lejos uno de los puertos señalados en mi carta de navegación. Ha sido doloroso, tanto como lanzar por la borda un trozo de corazón o de esperanza, que viene a ser lo mismo, pero había que hacerlo; no conviene olvidar que muchas veces es preciso el sacrificio de algo o de alguien para que todo lo demás continúe.
Vuelve a amanecer y sale el viento: todo está de nuevo en su lugar. Los otros puertos cada vez están más cerca y con la entrada más segura.