viernes, 22 de julio de 2011

Con el poder de la noche

Cuando todavía acariciaba en mi memoria las sensaciones que me había dejado la segunda lectura de “El Asedio” (esta vez en sus escenarios naturales), un comentario bastante demoledor que un lector desencantado le hacía al autor,  enfrentando sus novelas náuticas a las de Baroja o Stevenson y dejándolas en el  envite a la altura del betún, me llevó realizar algo que ya cuando estudiaba bachillerato deseé hacer y no hice: leer “Las inquietudes de Shanti Andía”. No quiero comentar  la impresión que esta obra me produjo, ni por sí misma ni analizada en comparación con la mencionada, que era en realidad mi principal interés; si he aludido a este hecho es porque me sentí sorprendida cuando el capitán Andía, en sus reflexiones, confiesa que todo lo que le resulta fácil y posible por la noche se transforma en duro e inasequible después de amanecer. Esa sensación me resulta tan familiar… Decisiones valientes, soluciones eficaces, actitudes incuestionables engendradas en las horas de insomnio, se diluyen en la luz del día hasta hacerse absurdas o imposibles. Por esta razón, he decidido sentarme de madrugada ante mi cuaderno de bitácora e ir trazando el rumbo que necesito tomar con el poder de la noche.

viernes, 8 de julio de 2011

METAMORFOSIS

   Nunca fue duro el suelo
ni te secó la lengua
el polvo del camino.
No te importó jamás
el barro que pisabas
ni te tentó mirar al otro lado
por encima del muro de tus sueños.
Oruga satisfecha
con el frescor oscuro
de su jardín marchito
y el estrecho horizonte
que satura sus ojos:
una media verdad para una vida
a mitad de camino de la muerte.
  A la orilla del tiempo
-mañana sin ayer-
brotan los días que hacen
losa la oscuridad
y trampa el horizonte.
Una quietud sin fin teje los hilos
donde la libertad se rinde, exánime
y cuando todo acaba,
cuando no queda luz
para alumbrar la lucha,
te lanzas al abismo
azul que te interroga.
En ese torbellino que te invade,
vas descubriendo todas las respuestas
al tiempo que te elevas,
incomprensiblemente.
Te recorre un dolor
cada palmo de piel
y descubres tus alas.
  Ahora cierras los ojos mientras piensas
qué has de dejar para seguir tu vuelo.

(Mª Ángeles Novella, inédito 2011)